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Cuando el problema es el Estado, por Marisol Pérez Tello


Estoy en Yanatile, Cusco, donde desde 1978 la ley autoriza la siembra de la "sagrada hoja de coca", respetando su valor medicinal y ancestral. El problema es que también los obliga a vender su cosecha a un monopolio legal que los condena a la miseria: ENACO. Esta empresa estatal les paga hasta cuatro veces menos que el mercado legal, obviamente la industrialización de la hoja de coca no avanza. La mayoría tiene menos de una hectárea y trabaja por mil soles al mes en tierras cada vez menos fértiles.

Yanatile, La Convención y Kosñipata comparten el mismo problema: son zonas autorizadas para la siembra de coca, pero ENACO los asfixia con pagos ridículos y promesas incumplidas de un precio justo. Lo que el Estado está haciendo acá es empujar lo formal hacia lo informal. Esto solo fortalece a los ilegales. Así como el narcotráfico explota la hoja de coca, la minería ilegal se esconde en el minero informal. Y mientras tanto, la inseguridad crece, estos ilegales se hacen de autoridades y congresistas de su propiedad y estos actúan y legislan a favor del crimen organizado. Un perfecto círculo vicioso.

En estos casos la culpa no es ni de los campesinos cocaleros autorizados, ni de los mineros informales o artesanales, ni de quienes marchan pidiendo no morir, todos reclamamos lo mismo: un estado presente, que resuelva problemas. Lamentablemente lo que estamos viendo es que hoy, el problema es el Estado tal cual está organizado. Toca reiniciar y organizarlo de raiz de una forma diferente para que sea util para la gente.

Claro que se puede. Solo falta la famosa voluntad política, eso concretamente significa: 1) fijar las prioridades y 2) ahi poner la plata para que la rueda empiece a girar. También requiere enfrentar la corrupción con acción, no sirven los discursos.