La decisión de la presidenta Dina Boluarte de convocar a elecciones generales para el 2026, anticipándose a la fecha límite, puede parecer un acto de responsabilidad democrática.
Sin embargo, detrás de este gesto se oculta una realidad política que no se puede ignorar: Boluarte se ha convertido en una pieza nada útil para la alianza gobernante que la ha sostenido en el poder, a pesar de los escándalos de corrupción y acciones autoritarias que los envuelven a ella y al Congreso.
Es, sin duda alguna, un nuevo momento político que obliga a todos los actores en el poder actual a recomponer sus fuerzas. En este contexto, la presidenta sabe que su posición es muy precaria.
La convocatoria electoral no solo la convierte en una figura débil, sino que es evidente para los peruanos que, como lo ha hecho en reiteradas ocasiones, busca desesperadamente mantener su relevancia.
Es llamativo que realice esta acción tras la censura de Santiváñez y el abandono que ha recibido por parte de sus ahora exaliados en el Gobierno.
En este contexto, el periodo que se abre hasta el 12 de abril de 2026 será crucial no solo para Boluarte, sino también para el Congreso. De acuerdo con el ROP, los legisladores pueden modificar las reglas del proceso electoral en las siguientes dos semanas y media.
Sus votaciones recientes, arbitrarias y antidemocráticas, advierten que este periodo de 18 días podría dar lugar a cambios que, en lugar de fortalecer la democracia, busquen establecer candados que limiten la participación de ciertos partidos y candidatos. Los peruanos elegirán un parlamento de doble cámara, con un senado superpoderoso.
Mientras se acerca ese primer momento electoral, la ciudadanía debe observar con mucha atención cómo se desarrollan las acciones de los parlamentarios, sobre todo de aquellos que tienen actualmente en comisiones dictámenes que reducirán requisitos para alianzas y para pasar la valla electoral.
La suerte de Dina Boluarte y de la alianza gobernante que busca la reelección estará en manos de un electorado que ha demostrado estar cansado de promesas vacías y escándalos constantes.
Con más de 41 partidos inscritos y un padrón electoral con dimensiones jamás antes vistas en el país, los peruanos tienen el desafío complejo de atravesar un periodo de fragmentación política sin precedentes. El futuro está en las manos de la ciudadanía, cuyo rol político será decisivo para empezar a superar este periodo oscuro de la historia del Perú.