El Estado en el Perú es solo fuerza. Y un estado que se ampara solo en la fuerza se niega a sí mismo. Niega su objetivo mayor que es el acuerdo en lo fundamental, que es la búsqueda de la cohesión social. No es posible restaurar las heridas de la Republica. No es posible la ansiada unidad nacional, con un gobierno que somete todos los espacios; y que atentan contra la vida, la libertad y el progreso.
La unidad nacional es la expresión del proyecto nacional, que despierta la creatividad y el compromiso de nuestros empresarios, el entusiasmo de nuestros artesanos e intelectuales, la adhesión de los trabajadores de la ciudad y el campo, y el saludo generoso de los peruanos al paso de los soldados de nuestras Fuerzas Armadas. La unidad nacional vendrá después, de la limpieza de todo el cochambre generado. Unidad para limpiar, unidad para gobernar es una tarea, es una esperanza.
Es imperativo entonces enfrentar a quienes han capturado los poderes del Estado. Es imperativo unir todo lo viejo bueno con todo lo nuevo bueno. Es imperativo enfrentarlos en el campo y en la ciudad, en Puno y en Lima, en todo el país, porque es imperativa la recuperación moral del ejercicio de la Presidencia de la Republica. Es imperativo, sino queremos perder a nuestro país, la recuperación moral del ejercicio del mando y el poder.
Que cada quien conserve su propia ideología. Guardemos nuestros escudos y banderas transitoriamente. Levantemos un solo programa. Se trata de un frente patriótico, de una convergencia por la nación o de cualquier otro nombre que nos una y no nos divida.
Joseph Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt fueron capaces de unirse para derrotar al fascismo de Hitler. El Perú de hoy reclama lo mismo: la más amplia unidad para derrotar a las elites malhechoras y limpiar a la nación del inmenso cochambre, de las miles de toneladas de lodo con que se pretende maniatar al Perú. La nación reclama hoy más que nunca Unidad, Justicia y Libertad.