#NoQueremosMorir

Bajo este hashtag, artistas peruanos convocan a marcha el viernes 21 de marzo en la plaza San Martín.

Este mensaje resuena con fuerza en un Perú que, en su desesperación, ha pasado de alzar la voz, pidiendo solo paz, a clamar por su vida. Este cambio en el mensaje revela una realidad sombría que ha calado mucho más fuerte en los peruanos: la constatación, en carne propia, de un país que ha sido secuestrado por la delincuencia, la extorsión y el miedo.

#NoQueremosMorir es el llamado a la protesta ciudadana, impulsada por más de 30 artistas musicales, que surge tras el asesinato de un colega suyo, Paul Flores de Armonía 10, a manos de extorsionadores.

Esta tragedia, lejos de ser un hecho aislado, se inscribe en una serie de agresiones que han llevado a los artistas a vivir en un estado constante, ya no solo de alerta, sino de estar a la defensiva cotidianamente para no morir.

Los artistas expresan con indignación que la sobreprotección que deben pagar para evitar ser víctimas de la violencia es una prueba palpable de la incapacidad del Gobierno para garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

“El estado de emergencia, lejos de ser una solución efectiva, se ha convertido en un mero recurso populista”, asevera Christian Yaipén del Grupo 5, como todos los peruanos que viven —en mayor o menor medida— este deterioro de la vida en el territorio.

La protesta del próximo viernes 21 de marzo no solo es por la seguridad de los artistas, sino por la de toda una sociedad que anhela mínimos estándares de justicia y tranquilidad. Por eso, el llamado a la unidad de los peruanos se hace urgente desde hace tiempo y hoy más que nunca. De otra manera, la otra opción —la normalización— será sinónimo inmediato de mayor muerte y caos.

Mientras tanto, el cubileteo de los miembros de la alianza gobernante continúa. En vez de definir la censura del ministro del Interior, Juan José Santiváñez, se escuchan voces que intentan atacar a quienes exigen la salida del titular del Mininter. Son esos parlamentarios quienes, en vez de atender las demandas urgentes de los ciudadanos que piden no ser asesinados, actúan como vocerías de la criminalidad en el país.

Por todo ello, desde La República hacemos eco del llanto y dolor de miles de peruanos y repetimos —sobre todo con quienes no tienen rostro ni voz conocida—

#NoQueremosMorir.