Los peruanos no son ingenuos, presidenta Boluarte

Un correo del doctor Mario Cabani a la exsecretaria de la jefa de Estado, Dina Boluarte, confirmaría dicho intercambio.

A pesar de las evidencias que surgen en torno a las intervenciones quirúrgicas de la presidenta Dina Boluarte, ella continúa desmintiendo las acusaciones que la rodean, como si el poder de la negación pudiera borrar las dudas que se han sembrado en la nación.

El reciente escándalo que involucra al cirujano plástico Mario Cabani, quien tras intervenir quirúrgicamente a la mandataria habría solicitado puestos en el Gobierno para sus allegados, es un claro ejemplo de cómo las mentiras tienen patas cortas.

Si bien las pesquisas están en curso, la pregunta que se hace la periodista Doris Aguirre en su reciente reportaje resuena con absoluto sentido lógico: “¿quién tiene la autoridad para imponer a un individuo despedido por ineficiencia en un cargo crucial del Estado?”. La respuesta la tienen todos los peruanos.

Mientras Boluarte intenta minimizar la importancia de estas revelaciones, la ciudadanía observa con escepticismo. La contradicción entre sus declaraciones y las pruebas presentadas por la Fiscalía pretende equívocamente generar una confusión. No obstante, lo que realmente logra es alimentar la desconfianza hacia ella, su Gobierno y los aliados que la apoyan desde el Parlamento.

Sin embargo, no es la primera que lo hace. En 22 de enero, en Davos, en lugar de abordar los problemas apremiantes que afectan al país ante la comunidad internacional, se aferró a un relato que parecía tener como objetivo desviar la atención de las investigaciones de corrupción y de la creciente inseguridad que vive la nación, la cual en el extranjero ya conocen muy bien.

Los peruanos no son ingenuos. La estrategia de Boluarte, basada en la victimización y en respuestas insuficientes, revela una falta de respeto hacia una ciudadanía que clama por respuestas sinceras y acciones concretas. La manipulación de la verdad no es solo un desliz político, sino un atentado contra la confianza pública, que es esencial para la cohesión social.

A medida que la investigación avanza, es fundamental que los ciudadanos mantengan un ojo crítico sobre cómo se desenvuelven estos acontecimientos. La historia reciente de Perú nos recuerda que el poder, cuando se ejerce sin rendición de cuentas, puede degenerar en autoritarismo. Así, la legitimidad de un gobierno no se mide únicamente por su capacidad de gobernar, sino también por su disposición a enfrentar la verdad, por incómoda que sea.