En teoría, un acuerdo de paz debería expresar los intereses de ambas partes en conflicto, y sentar las bases para evitar la continuación de las hostilidades en el futuro. Pero cada escenario bélico es distinto, y tratándose de la guerra en Ucrania, cualquier escenario de negociación debería partir por reconocer que estamos frente a una potencia mundial (Rusia) que, aunque demuestra tener intereses que se han visto vulnerados, ha violentado el derecho internacional.
Incluso, si la guerra es la continuación de la política por otros medios, muchas veces los acuerdos de paz son resultado del desenlace propio del conflicto. Sin embargo, el Tratado de Versalles (1919) o el Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Rio de Janeiro entre Perú y Ecuador (1942), ambos resultados de guerras, fueron luego cuestionados y no solucionaron las diferencias, siendo fuente de nuevos conflictos. En el caso ucraniano, difícilmente podemos hablar de un resultado favorable a alguna de las partes que permita construir una paz sobre la base de los intereses principalmente de Rusia o Ucrania.
En otras ocasiones, la paz requiere de actores que sirvan de mediador, que acerquen a las partes. El gobierno de Trump está buscando que EE.UU. cumpla este rol. Y si bien durante estos últimos años EE.UU. apoyó a Ucrania, Trump esta asumiendo una posición supuestamente neutral, que en la práctica lo ha llevado a cuestionar el accionar ucraniano y limitar su crítica contra el régimen de Moscú, al punto de votar contra una reciente resolución de la Asamblea General de la ONU conjuntamente con Rusia que justamente reafirmaba la integridad territorial de Ucrania. Además, el nuevo gobierno estadounidense, priorizando la culminación del conflicto por cualquier medio, ha iniciado conversaciones con Rusia sin la presencia de Ucrania, haciéndonos recordar los resultados nefastos de la Conferencia de Múnich entre Francia, el Reino Unido y la Alemania Nazi, sin considerar los intereses de Checoslovaquia, el país ocupado. Una paz impuesta de esta forma, no va a solucionar el conflicto.
Profesor Principal y coordinador del Grupo de Investigación sobre Política Exterior Peruana de la PUCP. Doctor en Ciencia Política y Gobierno por la PUCP y Magíster en Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Cuenta con estudios de postgrado en Seguridad Internacional por la Universidad de Delaware (Estados Unidos). Sus últimos libros han sido “Perú, Bolivia y Chile en el siglo XXI. Hacia un enfoque trinacional de política exterior” (2023) y "La guerra en Ucrania. Consideraciones políticas, económicas e históricas en un orden internacional en transición” (2024).