El fin de un ciclo, por Marisol Pérez Tello

“El 2 de octubre, los partidos nacionales serán los grandes perdedores y en Lima ganarán candidatos exmilitantes de partidos que perdieron su inscripción o con una militancia tan nueva como efímera”.

El 2 de octubre serán las elecciones municipales y regionales, cerrando un ciclo que pondrá a los partidos políticos de alcance nacional en su nivel más bajo de representación y credibilidad. Con toda seguridad la mayoría de los nuevos gobernadores serán representantes de movimientos regionales.

Han sido muchos años de una democracia sostenida en partidos políticos con una serie de problemas; falta de confianza y meritocracia en la designación de candidaturas que aleja cuadros con voluntad de hacer carrera partidaria, falta de preparación de cuadros que garanticen cambios generacionales, cúpulas que se mantienen en el poder y caudillos cuyos partidos son plataformas políticas que se alquilan a individuos sin vocación partidaria, lo que genera improvisados con poder y hace imposible trabajar en equipo.

La visión de país no se construye sobre la base de los intereses mezquinos de un grupo de personas, debe erigirse pensando en el bien común, con un profundo conocimiento de la realidad nacional y sus diversas posibilidades y demandas, enfrentando con eficacia los problemas de desigualdad que reclaman estrategias diferenciadas, que por un lado permitan y garanticen el mercado y con eso inversión, trabajo e ingresos y por otro atiendan las necesidades de la población más vulnerable que requiere del Estado acciones concretas para corregir las estructuras que generan situaciones de marginación y falta de oportunidades.

No hay posibilidad de diseñar políticas públicas del nivel que necesitamos con un gobierno tan frágil sostenido solo por la mediocridad colectiva de un Congreso incapaz de darle al país una salida.

Este 2 de octubre terminan las componendas orientadas a tapar el sol con un dedo, cambios de reglas que desvincularon a los partidos de sus candidatos y ya no asumen ninguna responsabilidad, eliminaron las elecciones primarias para mantener el control dentro de sus partidos y el número mínimo de circunscripciones en las que los partidos debían tener candidaturas para no perder la inscripción y con eso el financiamiento, todo esto aprobado en reformas gestadas por la representación de los partidos en el Parlamento.

Qué vergüenza, y mientras tanto las normas más importantes para evitar un mayor deterioro de la política y la democracia han sido impulsadas desde distintos espacios. Integridad, por ejemplo, es una asociación que impulsó la correcta interpretación del articulo 206 de la Constitución, la garantía de la elección del miembro del JNE representante de universidades que faltaba y que quienes cumplieron condena por homicidio no puedan ser candidatos, esos ejemplos son buenos y hay que seguirlos y saludarlos.

En estricto no deberían poder ser candidatos quienes hubieran sido sentenciado por delito doloso, pero eso y adelantar las elecciones afecta directamente los intereses de quienes creen que el Perú no tiene memoria y olvidará quiénes son; no quieren perder la situación en la que están sin importar lo que el país necesita.

66 votos en el Congreso son suficientes para cambiar esta situación y adelantar las elecciones o recortar el mandato dándole una oportunidad al país, los partidos no se manifiestan y los dos líderes que se han pronunciado no han llevado adelante ningún esfuerzo serio para que se concrete.

El 2 de octubre, los partidos nacionales serán los grandes perdedores y en Lima ganarán candidatos exmilitantes de partidos que perdieron su inscripción o con una militancia tan nueva como efímera; urge la reforma política.

Siempre hay oportunidades frente a la aparente adversidad, quizá este nuevo panorama político y la nueva distribución del poder permitan nuevos acuerdos, que los buenos congresistas se distingan; hagamos esfuerzos por la unidad, superar este momento requiere acciones conjuntas, ojalá estemos a la altura.

(*) Docente universitaria.