Dina Boluarte: ¿llegará al 2026?, por Clara Elvira Ospina
“No puede despreciar el diálogo social: deberá escuchar a las organizaciones que piden reformas”.

Por: Clara Elvira Ospina, directora-EpicentroTV
En los 16 meses que fue ministra de Pedro Castillo, Dina Boluarte demostró que tiene olfato político y capacidad de adaptarse. Rápidamente se apartó de Vladimir Cerrón, convenientemente estuvo fuera de Lima en los momentos más críticos del gobierno, guardó silencio públicamente sobre los escándalos de corrupción, se cuidó de entrar en la confrontación menuda y desgastante del día a día y en privado se mostró como una alternativa viable. Cuando necesitó el apoyo del oficialismo, en el caso del Club Apurímac, lo consiguió, pero nunca se dejó ver hipotecada a Perú Libre. Ahora debe demostrar que su talento es suficiente para evitar que se repita la historia de Martín Vizcarra.
La nueva presidenta llega apoyada por la oposición que quiso sacar a Castillo del cargo desde antes de que empezara el gobierno. La misma que también la quiso sacar a ella para quedarse con la presidencia que no logró ganar en las urnas. Sus nuevos socios la apoyan porque han logrado que Castillo se vaya, no hay que equivocarse. La ambigüedad de su mandato quedó probada el viernes cuando corrigió rápidamente su contundente afirmación de que cumpliría el periodo hasta el 2026 y dijo que “si la situación lo amerita” lideraría el proceso de adelanto de elecciones. Los primeros pasos que dé en el gobierno serán clave para que la situación lo amerite o no.
Que la primera imagen de su apertura al diálogo haya sido con los congresistas de Avanza País trae un recuerdo inevitable: el de Martín Vizcarra recibiendo en Palacio de Gobierno en su primer acto como presidente al fujimorista Luis Galarreta para firmar la ley de la Contraloría que su antecesor PPK había observado. Ojalá Boluarte sea capaz de mirarse en ese espejo y, si alguna lección le puede dar ese pasado reciente, es que necesitará buscar el apoyo ciudadano que le dio soporte a Vizcarra, al tiempo que consigue aliados en el Congreso. Camino que Vizcarra no logró y que selló su perdición. La presidenta cuenta hoy con el apoyo de las bancadas de oposición, pero aún no consigue interlocución con las bancadas leales a Castillo. El respaldo del Congreso es necesario pero frágil; no hay que olvidar que lo único que unifica a las diversas bancadas es su interés de permanecer en su curul.
Dina Boluarte tendrá que abrir un diálogo franco también con la izquierda, demostrar que no hará una cacería en contra de su antecesor y de quienes lo apoyaron, porque si lo hace, si intenta arrasar con todo lo que haya tocado el presidente golpista, entonces alimentará odios que pueden ser muy peligrosos. Eso no significa que deba mantener a los holgazanes y mediocres que han sido colocados en el Estado como cuotas del castillo-cerronismo, pero perseguir a todos por igual sería un grave error.
La presidenta no puede despreciar el diálogo social: deberá escuchar a las organizaciones que llevan meses pidiendo reformas políticas y cambios de conducta y balancear su interlocución entre el “pueblo” que ha sido azuzado por Castillo y el que nunca se sintió representado por él. No puede olvidar que hasta un día antes del golpe, Pedro Castillo seguía con un 30 por ciento de aprobación a pesar de la mediocridad y corrupción de él y su gobierno.
Audacia, serenidad, sensatez y humildad. Esas son las cuatro condiciones, tan difíciles de combinar para los políticos, que podrían conseguir que Dina Boluarte llegue al 2026.