Y nos dieron las diez, Joaquín Sabina: cantautor español le dice Hola y Adiós al Perú
El cantautor, poeta y pintor español ofreció un último emotivo recital en Costa 21, al borde del mar, en medio de la noche, en el que combinó clásicos y piezas menos conocidas.
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La presencia de la luna menguante iluminando el cielo y el viento salado de la Costa Verde limeña, aportaron una sensación distinta en la oscuridad del lunes. Era una sensación de nostalgia y melancolía, tal vez porque ya se sabía que esta sería la última vez que Joaquín Sabina (Úbeda, España, 12 de febrero de 1949) cantaría en un escenario peruano.
Desde temprano, las calles aledañas al Costa 21 se llenaron de rostros emocionados, de camisetas con frases tomadas de sus canciones, de amores rotos que encontraron consuelo en su voz y de amantes que alguna vez se besaron al compás de su poesía. Cuando las luces se atenuaron y la silueta del flaco de Úbeda apareció en el escenario con su inconfundible bombín, el rugido del público pareció detener el tiempo.
"El tren de ayer se aleja, el tiempo pasa…", arrancó con esa vozquebrada pero eterna, y el eco de la multitud confirmó que nadie quería irse de allí sin cantar hasta el último verso.
Y como era de esperarse, después de “Lágrimas de Mármol”, a su fiel estilo, Sabina se tomó un momento para señalar, muy atento a lo que sucede en el país: “Asesinar a un cantante o un músico, es una cosa abominable. Es asesinar el alma de la gente”, expresó muy emocionado en alusión al crimen de Paul Flores García, cantante de la orquesta de cumbia Armonía 10, perpetrado la madrugada del último domingo.
Minutos después, Sabina navegó por su repertorio como un capitán que conoce el rumbo, pero disfruta perderse en el viaje. Con "19 días y 500 noches", el público gritó cada verso con una intensidad que sólo el desamor y la complicidad pueden provocar.
"Quién me ha robado el mes de abril", además de arrancar lágrimas a más de uno, destacó la presencia de Alfredo Bryce Echenique, gran amigo de Joaquín Sabina desde hace 26 años. Mientras que "Peces de ciudad" resonó como un eco de despedida anticipada.
Pero no todo fue melancolía. Sabina encendió el alma de Lima con "Y sin embargo", convirtiendo el concierto en una cátedra de pasión y desencuentros. Y cuando entonó "Contigo", la noche se volvió un pacto de lealtad entre el poeta y su gente.
De todos los momentos, el más emotivo llegó cuando Sabina, con la voz que lo caracteriza, dedicó "Noches de boda" a todos aquellos que lo acompañaron en esta travesía de idas y vueltas. Los mismos a los que ahora les dijo “Hola” y “Adiós”, con un "Gracias, Lima”.
La ovación final duró varios minutos, retratando un momento que quedó atrapado en la memoria.
Sabina dejó el escenario, pero su poesía quedó flotando en el aire, como una despedida que en realidad no lo es. Porque en cada bar donde suene "Y nos dieron las diez", en cada noche de insomnio donde alguien tararee "Por El Boulevard de los Sueños Rotos", él seguirá estando, más vivo que nunca.
Y en Lima, el eco de su voz seguirá susurrando al mar que lo vio decir adiós.

Durante el concierto, el cantautor español condenó el asesinato de Paul Flores, quien fue asesinado la madrugada del domingo. Foto: La República/Carlos Félix