Cultural

La vigencia de la novela “Poeta chileno” de Alejandro Zambra

Relectura. A cinco años de su publicación, un nuevo acercamiento a “Poeta chileno” de Alejandro Zambra. Ya es una novela clave de la narrativa en español del siglo XXI.


Alejandro Zambra.
Alejandro Zambra.

La novela Poeta chileno (Anagrama) del escritor chileno Alejandro Zambra, sigue cosechando elogios, todos ellos justificados, por cierto.

Como se desprende del título, el lector se enfrenta a una historia ambientada en el contexto poético de un país identificado como poseedor de una de las tradiciones poéticas más ricas del mundo, privilegio que comparte con Perú y México.

A diferencia de otras narraciones del autor, en las que el ánimo fragmentario y el contenido voltaje lírico van de la mano en dirección al difícil objetivo de “transmitir más” en la brevedad, en esta ocasión Zambra ofrece una narración lineal en función a un discurso de largo aliento, que como tal no se ve afectado por el desborde de tópicos, sino que se ciñe a un único universo: la historia del aprendizaje sentimental del poeta.

No solo para Zambra, sino también para muchos novelistas, la linealidad resulta insuficiente para garantizar el éxito de cualquier proyecto narrativo. El relato que presenta Zambra pudo asimismo desarrollarse bajo los difíciles cotos de la brevedad de sus celebrados libros precedentes. De haber sido así, y en función a la calidad mostrada hasta en un título menor como Facsímil, el lector estaría igualmente ante una novela signada por la contundencia.

El elemento que sostiene a esta novela de más de 400 páginas que aborda el difuso y estrafalario mundo del poeta con derecho a tener un espacio/nicho/terruño en la sociedad (solo válido para Chile, México y Perú) por el solo hecho de ser poeta, es el humor.

Gracias al humor es posible ingresar a una novela que va sobre poetas y no a una que solo puede ser leída por poetas (¿se imaginan esa aberración que condena al lector a los pantanos del aburrimiento?). Además, el manejo del humor que realiza Zambra le permite humanizar a sus personajes (Gonzalo (Poetastro) / Vicente (Hijastro) / Carla (Madre) / León (Padre de Vicente) / la hechizante gata Oscuridad), alejándolos de la dependencia de la mera anécdota chacotera (factor que tiñe de lugar común no pocos proyectos narrativos sobre escritores), del mismo modo con los personajes secundarios, como la norteamericana Pru, que se ve obligada por las circunstancias a escribir un reportaje sobre la poesía chilena cuando ese no era el tema que iba a desarrollar al llegar a Santiago.

En los cuatro capítulos de la novela (“Obra temprana”, “Familiastra”, “Poetry in Motion” y “Parque del Recuerdo”), el chileno despliega sus recursos en los ejes en los que se asume como dominador. En otras palabras, no es presa de ese prurito suicida que seduce a muchos letraheridos a ambicionar el discurso, convirtiéndolo en una narración grande (en tamaño) y a la vez impostada debido a las innecesarias capas narrativas. En esta práctica, hay que decirlo, caen hasta las plumas más pintadas.

El amor a la poesía, la pasión por la lectura, la experiencia paterna, el desarraigo existencial, el sexo, el orgullo masculino herido, pero con derecho a la venganza, entre otros factores relacionados, son los cauces temáticos en los que Zambra conduce su proyecto. El ya señalado elemento del humor agiliza el discurso sobre todas las variantes de estas columnas temáticas, que podrían generar cierto fastidio por caer en la recurrencia/repetición, pero que en ningún caso caen en los senderos del aburrimiento. Nada más insufrible que novelas señoriales sobre escritores, poetas y sus inevitables variantes, que existen gracias a lo políticamente correcto, y más en estos días, pero eso es harina de otro costal.

Los lazos en común de Poeta chileno con Los detectives salvajes de Roberto Bolaño son más que pertinentes, no parten de una relación antojadiza. Incluso podríamos barajar la posibilidad de que son novelas complementarias en cuanto a los circuitos emocionales e intelectuales de la figura del escritor, porque si Los detectives salvajes es la mirada externa del poeta (las agendas colectivas, por ejemplo), Poeta chileno es la mirada hacia la interna del mundo del poeta (como acertadamente indicó Rodrigo Fresán: el lado doméstico del poeta).

Poeta chileno obsequia no pocos pasajes para recodar, como aquel en donde Vicente interrumpe a sus padres León y Carla (que no se veían tras muchos años) al llegar a casa; podríamos resaltar, siguiendo esta línea, el encuentro casual, después de tiempo sin saber nada uno de otro, entre Vicente y Gonzalo en una librería.

Reza el lugar común de que solo el tiempo ubica a los libros en los sitiales que les corresponden. Sobre Poeta chileno se viene indicando que es una obra maestra. Quien escribe no niega que esa es una sentencia arriesgada, pero tampoco niega que espera que Poeta chileno sea lo que algunos dicen que ya es. Razones no faltan. Poeta chileno se está convirtiendo en una novela faro y no solo para escritores experimentados o en ciernes, igualmente para los lectores interesados en la narrativa hispanoamericana del siglo XXI. Busquen y lean esta gran novela.