Víctor Delfín: “Al gobierno de Dina Boluarte, a los Fujimori, a los Montesinos, no les interesa dar ningún valor al producto peruano”
“Este gobierno está censurando paulatinamente a artistas críticos, a cualquier artista que se rebele contra el sistema, que no es sistema sino un grupo de mafiosos. Acaban de matar a uno, al de las firmas. Se están matando entre ellos”. Víctor Delfín no se guarda nada.

Escultor, pintor, artesano y lector. El nombre de Víctor Delfín, más que una referencia, es una marca cultural. El reconocido artista peruano pasa sus días trabajando y aunque últimamente no está concediendo entrevistas, hace un alto a sus actividades para conversar con La República. A sus 97 años, y siendo padre de un niño de 10 (el menor de sus 10 hijos), Delfín tiene mucho que decir sobre la convicción artística y el Perú de hoy. Víctor Delfín es de esos contados artistas que no se callan nada.
-Siempre estás trabajando. ¿Cómo sientes ahora tu capacidad de producción?
-Ya no tengo la energía de los 50, de los 60, de los 70, de los 80. De modo que sería una mentira decir que produzco lo mismo que solía producir en mis momentos de mayor energía. Ahora leo más, dibujo un poco, hago pequeños trabajos. Siempre estoy con un par de telas pequeñas para pintar, pequeños grabados, escribo y, como te dije, lo que más hago es leer. Siempre he sido un lector.
-Alrededor de tu vida hay mucha pasión.
-Cuando yo era niño, no tan niño, tendría 12 años, recuerdo que escuché una frase o a lo mejor la leí. El asunto entró por mis oídos, traído por el viento tal vez, y la frase era tener capacidad de amar. Se me quedó en el cerebro guardada. Cuando llegué a Lima a los 17 años, tuve la oportunidad de ganar una beca que significaba desayuno, almuerzo y cena, más unos dinerillos para pagar un cuarto. Mi padre decía que cada gato debe agarrarse con sus uñas. Mi padre era muy gracioso con las metáforas que empleaba. Mi padre estuvo preso un año en San Lorenzo por reclamar por menos horas en la jornada laboral. Me acordaba de lo que decía mi padre y me puse a pintar con mucha pasión. Bellas Artes se había convertido en mi hogar. No salía a divertirme, los domingos no iba a ver fútbol. Me dedicaba a pintar, día y noche, a toda hora. Un día mis compañeros me preguntaron por qué era así y les dije hay que tener capacidad de amar. Se rieron. Pero no hay otra manera: hay que agarrarse de un cuadro como un perro que agarra un hueso. La capacidad de amar consiste en amar tu trabajo, amar lo que estás haciendo, amar el espacio que te han dado para trabajar, amar a la modelo que es una herramienta de trabajo, amar al jardinero que tiene bonita esta escuela, amar a todos los colegas, eso es tener capacidad de amar. Y cuando uno tiene capacidad de amar, se extiende no solo el amor a los amigos, a la escuela, a tu casa, sino también a la gente, a los obreros.
-¿Y el amor?
-Cuando uno se enamora, que ya es otra cosa, aparecen otras fuerzas que son la ternura, la paciencia, el deseo de estar con esa persona, sentir que estás acompañado, acariciarle su cabello, mirarle a los ojos, tocarle las manos, tomarse un café con ella. Y cuando no hay dinero, una comida, un vino. Eso es el amor. La mayoría dice que el amor es ciego, eso es una mentira. El amor es terco, apasionado, delirante, hasta puede llegar a ser cruel, puede herir y lastimar. El amor nace, vive y muere en los ojos.
-Esa pasión por la vida, también incluye a la política.
-Mi interés por la política incansable parte de mi deseo de mejorar la calidad de vida de los demás. Porque el amor no es egoísmo, el amor es extensivo. Se extiende a la calle, a la sociedad. Uno se pregunta por qué hay gente tan abusiva en el universo y por qué hay gente tan indiferente a lo que ocurre en una sociedad.
-Acabas de mencionar la palabra indiferencia. ¿Podrías especificar?
-Los intelectuales, por ejemplo, en mi país, en este momento están mirando para otro lado, están escribiendo libros, lo cual está muy bien, pero no hay una palabra sobre la crisis espiritual, moral y cívica que estamos viviendo.
-¿A qué crees que se deba? Tu generación era más comprometida.
-No es verdad. En los 50, todos suspiraban por París. Algunos no regresaron y los que sí, venían con la nariz levantada y mirándonos a los que nos quedábamos como a infelices que les falta algo.
-Es fuerte lo que dices.
-Lo siento, pero era así. Ahora es peor porque con toda la crueldad que se ha desatado en las calles, nuestros intelectuales miran para otro lado. El peor ejemplo lo ha dado Mario Vargas Llosa. Vargas Llosa no ha dicho una sola palabra de los compatriotas que fueron masacrados en las protestas de hace un par de años. Hubo niños inocentes. Todo está comprobado. Vargas Llosa y Octavio Paz eran amigos. Cuando ocurrió la matanza de Tlatelolco, en 1968, Octavio Paz era embajador de México en la India y renunció inmediatamente a su cargo. Mario ha cometido errores. Es penoso tener un premio Nobel que no alce la voz, que no contribuya a un mejoramiento de la situación política. Hizo un pacto indirecto con sus enemigos.
-Tu arte no está desconectado de la realidad.
-Eso es la cultura. Bertolt Brecht, Camus, Sartre, Tolstói, Dostoievski, todos escribían y pensaban en el otro. La náusea, La peste, El ser y la nada hablan del prójimo. Sus autores se ponen en el pellejo del otro. Uno es un individuo cualquiera cuando no se preocupa por nadie. Recién se convierte en una persona cuando siente el dolor de su prójimo. El arte sin compromiso social, ya lo dijo Mariátegui, no es más que arte decorativo. Saramago alzó la voz cuando pretendieron privatizar Machu Picchu. Se salió del protocolo y dijo que en el Perú están tratando de privatizar todo, ¿por qué no privatizan de una vez a la puta que los parió? Saramago. Premio Nobel de Literatura. Eso es solidaridad. No es peruano. Es un extranjero que está sintiendo el maltrato a una sociedad. Si tuviéramos más solidaridad, viviríamos mejor. Ese es el poder que antes tenían los intelectuales. Ese es el poder que deben usar hoy los artistas, de lo contrario, no sirven para nada.
-¿Qué es lo que te fastidia más?
-Estoy harto de escuchar palabras, palabras y palabras, ya he oído tantas palabras. ¿Qué logro Velasco al final? Dicen que fue el mejor presidente. ¿Qué hizo? Talara es un pueblo abandonado, cuando he ido los fierros estaban en el suelo, mejor estaba con los americanos. Lo mismo pasó con el agro, no sabían administrar una hacienda. Es como la película El gatopardo. No hay ningún presidente que valga la pena nombrar.
- Tú saliste a las calles en épocas calientes.
-Cuando salíamos a las calles me daba un poquito de vergüenza. Decían ahí van los intelectuales y los artistas. ¿Quiénes eran? Leslie Lee, el arquitecto Fernando Bryce y no llegábamos ni a 10. No había más.
-¿Por qué?
-Esa es la pregunta.
-Pura pose.
-Pura parafernalia. Nosotros, en los 90, salíamos a enfrentarnos con la policía. Felizmente, había gente experimentada como Javier Díez Canseco, que tenía experiencia y manejaba eso con mucha diplomacia y avanzábamos. Nunca hubo un palo hasta cuando hicimos la marcha al Congreso por la amnistía que le iban a dar a los criminales de La Cantuta. Ahí hubo violencia por parte de la policía. Me tocó el privilegio de conducir esa marcha junto con el padre Gutiérrez, Gustavo Mohme y toda esa gente que ya no está. Artistas como Herbert Rodríguez, Eduardo Villanes y Gustavo Buntinx salían por su cuenta, arriesgando el pellejo. Álvaro Vargas Llosa sí salió a las calles, eso no hay que negarlo. Pero ver a intelectuales renombrados, no. Iban a ver cómo iba la cosa, pero no se integraban. Tenían miedo de salir. Era cobardía.
-Tienes 97 años. ¿Has visto antes una situación parecida a lo que está pasando hoy en Perú?
-No desde la matanza de periodistas en Uchuraccay, que lo hizo el ejército; no desde lo de Tarata, que lo hizo la Marina; y no desde que un criminal como Montesinos le puso una bomba al Banco de la Nación, en la Marcha de los Cuatro Suyos. Ahí murieron los vigilantes, que no tenían nada que ver en el asunto. Nos quisieron echar la culpa. Diez Canseco, Mohme y yo íbamos a terminar en la cárcel. Yo recibí un disparo. En esta época de cinismo, sí lo hubieran logrado. Siempre ha habido muertos en todos los gobiernos y lo que no entiendo es el desprecio a los peruanos autóctonos. El racismo afloró con fuerza cuando Pedro Castillo llegó al poder. Al gobierno de Dina Boluarte, a los Fujimori, a los Montesinos, no les interesa dar ningún valor al producto peruano, se sienten atacados por esta gentuza que, según ellos, no debe vivir en Lima. Además, este gobierno está censurando paulatinamente a artistas críticos, a cualquier artista que se rebele contra el sistema, que no es sistema sino un grupo de mafiosos. Acaban de matar a uno, al que arregló las firmas. Se están matando entre ellos.
-Hablemos de algo feliz para terminar. El erotismo está en toda tu obra.
- El erotismo es el equilibrio entre la vida y la muerte. Eros es el que te hace sentir que Tánatos está presente, que la muerte es inevitable. Entonces, Eros es el que compensa ese designio, esa ley que a la larga vas a llegar a morir, a morir en algún momento, en algún día, en algún instante. Mientras tanto, el placer erótico te hace sentir que estás vivo, que existes. Ese es el valor del eros. Mi obra en general es erótica. Los temas que toco son siempre eróticos. Los disfrazo un poco con paisaje, pero en el fondo está Eros y la mujer como elemento inseparable.