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Cultural

Novelas de Oswaldo Reynoso de aniversario: “En octubre no hay milagros” y “Los eunucos inmortales”

A la fecha, toda la obra del reconocido autor arequipeño se está reeditando, pero falta una novela, de la que Reynoso dijo que fue la que más trabajo le costó: “Los eunucos inmortales”.

Oswaldo Reynoso.
Oswaldo Reynoso.

Sin duda alguna, la muerte de Oswaldo Reynoso (1931 – 2016) dejó un profundo vacío en la literatura peruana. Aparte de ser un autor con títulos imprescindibles sin los que no podemos entender el devenir de nuestra narrativa en las últimas décadas, se siente la ausencia de un escritor seguro de sus opiniones, así estemos o no de acuerdo con ellas. En otras palabras, Reynoso no solo era un estupendo autor, sino también una suerte de paradigma para muchos escritores, especialmente jóvenes, en cuanto a actitud.

A la fecha, es imposible saber con exactitud el grado de influencia que tuvo entre las nuevas voces de la narrativa peruana contemporánea. “Nuevas voces” que tranquilamente podríamos rastrear desde la década del setenta. Como escritor, su tópico literario era precisamente el mundo de los jóvenes, además, Reynoso fue profesor. Es decir, tanto el tópico de su mundo literario como su vocación por la enseñanza, lo convirtieron en un hombre idóneo para todo aquel con intención de formarse como narrador.

Este 2025, dos libros suyos cumplen 60 y 30 años, respectivamente: En octubre no hay milagros de 1965 y Los eunucos inmortales de 1995. Ambos títulos están en la categoría de novelas de “largo aliento”, en especial si las comparamos con la brevedad de sus demás títulos, algunos emblemáticos como Los inocentes de 1961, El escarabajo y el hombre (novela corta) de 1970 y El goce de la piel (novelita) de 2005.

Cuando publicó Los inocentes, él único escritor e intelectual que lo apoyó fue José María Arguedas. Reynoso era un convencido de que en la literatura podía poner en el tapete las desigualdades sociales y la doble moral limeña encorsetada y racista de la época. Por eso, si los cuchillos de la crítica quedaron afilados con Los inocentes, con la novela En octubre no hay milagros estos cuchillos funcionaron bajo un solo objetivo: opacarlo de una vez por todas. Basta una visita a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional para verificar que se armó una cadena estratégica de críticas que no solo se ceñían a lo literario. La novela también fue calificada de grosera e inmoral, y no se vio en su justa medida la riqueza estructural de las dos historias (la de la familia Colmenares y la del adinerado don Manuel) que la componen y que están ambientadas en uno de los días en que sale la procesión del Señor de los Milagros. Arribismo, afán de dinero, racismo, sexo, degradación, chisme y harta pacatería son algunos de los elementos presentados por Reynoso y que no gustaron a los celadores de las buenas costumbres.

En 1970, publicó El escarabajo y el hombre. Pues la novela pasó desapercibida. Si En octubre no hay milagros, las críticas de Reynoso estaban dirigidas a la degradación de la clase privilegiada, en este proyecto Reynoso es más expansivo: critica al mismo discurso ideológico que venía alimentando su poética. Reynoso destruye la incoherencia ideológica de quienes se llenaban la boca criticando el maléfico discurso imperialista. Si la crítica oficial ya le había puesto la cruz, ahora esta cruz venía por parte de la red de la empatía ideológica.

Reynoso se había quedado solo. Quizá esa haya sido una de las razones que lo llevaron a radicar en China durante 20 años, en el corazón del ideal socialista. No se supo mucho de él, y esta etapa es más bien un hiato que los estudiosos de su obra deben completar. A su regreso, nos entrega en 1993 el relato breve En busca de Aladino, delicioso texto en el que Reynoso se afianza como un fino estilista. Sin embargo, en 1995 publica la que es su obra mayor. Nos referimos a Los eunucos inmortales.

Nuestro escritor, bajo la mirada de su narrador protagonista, no únicamente nos brinda un fastidiado recuento de los sucesos ocurridos el 3 y 4 de junio de 1989 en la plaza de Tiananmén, sino igualmente su postura con respecto al socialismo como ideal a alcanzar por el hombre sin importar las barbaridades que se hagan en su nombre.

Por testimonio del propio Reynoso, cuando se le preguntaba por esta novela, él declaraba con orgullo que había sido la que más tiempo le demandó escribir. Por cierto, en una ocasión le escuché decir que de Los eunucos inmortales tenía más de veinte versiones.

“El hombre, sin una ideología, sería una bestia”, le dijo Reynoso a quien esto escribe en un perdido día del mes de agosto del 2001. Los eunucos inmortales es un canto de amor a China (a lo que representa su cultura milenaria), es un testimonio crítico de su posición ideológica y una prueba de su ambición narrativa.

Urge una reedición de esta novela. Ojalá que sus 30 años sea un buen motivo. Esperemos.