Cine y series

Stephanie Boyd: "Si un político respeta la democracia, tiene que respetar la libertad de expresión y no tener miedo"

La cineasta canadiense dirigió Karuara, la gente del río, el premiado documental que visibiliza la lucha de la comunidad para lograr la sentencia que protege al río Marañón.

Stephanie Boyd, cineasta.
Stephanie Boyd, cineasta.

Para los Kukama, la gente que desaparece en el río se convierte en sus protectores y se comunican con ellos a través de los sueños. La historia del pueblo y su cosmovisión está retratada en la película Karuara, la gente del río, una producción que es parte de la batalla de Mariluz Canaquiri y la Federación de Mujeres Indígenas que logró la sentencia histórica que declara al río Marañón como sujeto de derecho.

      La directora canadiense, Stephanie Boyd, desarrolló la película durante 10 años y el año pasado ganó dos premios en el Festival de Cine de Lima. Desde entonces, el documental recorre festivales en el mundo y es tema de conversación en las universidades. “En la India veían muchas cosas en común. Un periodista escribió un artículo sobre nuestro documental conectándolo con la lucha en Goa para preservar su río principal de una hidroeléctrica. No se les había ocurrido hacer una campaña legal para que su río tenga derechos’”, nos cuenta por Zoom. “El agua de la Amazonía es el 20% del agua fresca que tomamos en el mundo, que no es salada y todas las culturas tienen leyendas con espíritus del agua. Todos vivimos esto”.

Animación.

Animación.

El documental lo codirigió con su esposo, el artista cusqueño Miguel Aráoz, luego de una conversación con Leonardo Tello. “Nos encontramos en el festival Censurados y vio el documental que había hecho en Cajamarca sobre la lucha de los activistas en contra de la minera Yanacocha. Medio año después fue a la exposición que Miguel estaba haciendo con artistas shipibos y me dijo: ‘tenemos que combinar esos dos talentos, tenemos que hacer un documental que muestre la lucha para proteger el río y el mundo espiritual’”.

 En la selva hicieron talleres de arte para los niños y los dibujos inspiraron las ilustraciones. En otros talleres, los ancianos contaban sus historias en su lengua, kukama kukamiria y, Mariluz Canaquiri, recordaba su niñez y cómo el río fue afectado por el petróleo. Antes de conocer la cosmovisión de los Kukama, Boyd dice que veía como una tragedia la desaparición de dos de sus familiares en Canadá. “Cuando crecí era salvavidas porque crecí con cierto miedo al agua. Mi primo tenía muchas dificultades creciendo sin padre. He hablado con él contándole este mundo de los karuaras”.

La cineasta radica en Perú desde fines de los 90 y vive en Cusco. Ha escrito artículos y ha dirigido documentales, pero al estar 10 años en la Amazonía, considera escribir un libro con lo que no pudo incluir en la película.

Karuara ingresará a la cartelera comercial a menos de un año de su estreno en el festival. ¿Ha sido difícil convencer a las salas?

 Los premios ayudaron un montón, especialmente, el premio del público. Había películas de ficción, había películas de otros países, ¿no? Y que hayan elegido a Karuara es una muestra que el público quiere ver este tipo de películas y, a veces, las salas no les dan oportunidad. El encargado de la empresa de difusión nos dijo: “¡Qué bueno! Con este premio los podríamos convencer”.

Leí que saliste de Canadá porque querías dejar tu zona segura. Usualmente, es al revés.

(Sonríe) Es que todos queremos lo que no tenemos, ¿no? Como yo crecí con seguridad, era lo que no quería. Quería aventura, quería conocer cómo vive el resto del mundo. Estudiaba Ciencias Políticas e Historia sobre el mundo...ahora lo llamamos el mundo mayoritario; antes lo llamábamos el tercer mundo, ¿no? Y yo estudiaba sobre eso y yo quería vivirlo no solamente leerlo.

¿Con qué sociedad te encontraste? Eliges ejercer como periodista y documentalista.

Yo llegué en el 97 a vivir aquí. Entonces, era la época en que los estudiantes estaban saliendo a las calles de nuevo después de estar muy censurados por la dictadura. Era todavía la época de (Alberto) Fujimori, pero recién estaban empezando las marchas, las protestas, eran los últimos años del régimen de Fujimori. Cubrí toda su campaña para la re-reelección (sonríe) y recuerdo que recibí un par de amenazas. Mis amigos eran estudiantes de San Marcos, antropólogos, sociólogos, estudiantes de Ciencias Políticas. Entonces, era una época muy interesante de vivir acá y era como una introducción a  la sociedad peruana para mí. Después salí a vivir en provincias.

larepublica.pe

En 10 años, ¿cuál ha sido la mayor dificultad? Por un lado, estaba la realización de la cinta, pero también la lucha y la política.

Los cambios políticos siempre han existido, estoy acostumbrada. Yo llegué a Perú a los 25 años, he vivido todo y la historia se repite, lamentablemente. Lo loco es que, cuando estás en provincia, especialmente en la selva, no se percibe el Estado. No llega hasta allí, no les da servicios, entonces, no notan cuando no hay, porque no reciben nada. Para ellos un político es igual que el otro porque nadie vela por sus intereses.

¿Qué has encontrado en provincias que no encontrabas en Lima?

Siempre he sido ‘contreras’ (ríe). Tengo amigos en Lima, pero es como Miami, no es este mundo mayoritario que quería conocer, quería conocer a la gente que no tiene voz y eso es lo que hago con mis documentales. Nadie los escucha, pero tienen sus historias y saben contarlas, son increíbles oradores. Yo los puedo ayudar a llegar al público.

Evidentemente, en Canadá sí hay una industria de cine. En Perú hay un debate por leyes que podrían perjudicar al cine de autor, sobre todo, al documental, ¿no?

Patricio Guzmán, el gran documentalista de Chile, decía que un país sin cine documental, es como una familia sin un álbum de fotos. El cine es la memoria del pasado, una crónica del presente y también muestra nuestras esperanzas para el futuro. Leonardo Tello decía que los niños de la selva están creciendo mirando las historias de Hollywood, mirando La Sirenita y Peppa Pig y quería que vean sus historias. Las historias ancestrales de los pueblos de Perú son ricas, son la riqueza del país, más que el oro y más que la plata. El cine también puede ser una industria, todo el mundo se queda fascinado con la cantidad de culturas diferentes y esa es una verdadera mina, lo que pasa es que el país no lo está explotando. Qué triste sería el mundo si en el futuro todo es igual, las mismas historias. Si un político quiere mostrar al mundo que es alguien que respeta la democracia, tiene que mostrar que respeta la libertad de expresión y no tener miedo”.