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Tierra en trance, por Alberto Vergara

La primera sección del libro nos presenta la vida de la familia Ypi en los años ochenta en la Albania comunista. El punto de vista de la niña Lea garantiza una mirada desde una simple cotidianeidad.

En estos días es común escuchar que atravesamos un cambio de época. Es moneda corriente aludir al “zeitenwende” alemán y en inglés a un “turning point”. Y, ya puestos, deberíamos sugerir la noción de pachakuti global. No sabemos bien hacia donde giramos pero ya estamos en plena curva. Por eso nos topamos hasta el hartazgo con la manida frase de Gramsci según la cual una crisis consiste en que… en fin, ya saben cuál.

En estos textos se apunta las alteraciones que sufrirán las organizaciones globales, los riesgos para las naciones, para ciertas industrias, se subraya los riesgos que acarrea para las democracias, las alteraciones en los flujos financieros o la erosión de los mecanismos de protección de los derechos humanos. Sin embargo, mucha menos tinta se gasta pensando las consecuencias que todo esto tendrá para la vida de las personas, para quienes circulamos en ese entramado de grandes categorías: las economías sufrirán, las organizaciones se transformarán… ¿y la gente?

A estas alturas no hay forma de anticiparlo. Pero habrá consecuencias a nivel personal y familiar. Algunos sacarán partido del cambio de época y otros se arruinarán. Siempre ha sido así. Pero es muy difícil que alguien quede indemne cuando asoma una transformación importante de estructuras económicas y políticas. Por eso, el gran desafío de cualquier escritor es enlazar a las personas y su circunstancia; la biografía y la historia, como quería Charles Wright Mills. Nadie está absolutamente libre de su circunstancia, ni nadie completamente oprimido por ella.      

Todo esto viene a cuento porque acabo de leer Libre, el celebrado libro de Lea Ypi, profesora de teoría política en London School of Economics. Ypi, originaria de Albania, realiza un trabajo hermoso y admirable reconstruyendo su vida de niña y adolescente durante el régimen comunista de Enver Hoxha y la posterior apertura democrática. A través de un relato hecho casi por completo desde su hogar, la autora consigue atar su vida y la de su familia a esas grandes instituciones que los envuelven, condicionan y transforman. Pero, además de ese juego de influencias, en el libro se abre paso, poco a poco y sin academicismos, la pregunta por la libertad: ¿cuándo somos libres? ¿Libres de qué? ¿Libres para qué?

La primera sección del libro nos presenta la vida de la familia Ypi en los años ochenta en la Albania comunista. El punto de vista de la niña Lea garantiza una mirada desde una simple cotidianeidad. La niña no sabe que vive bajo una dictadura feroz. Ni disimula, ni teme. Más bien, consume y comulga las verdades que el régimen difunde en la escuela, los medios o a través de amigos y vecinos vinculados al Partido comunista. El tío Enver (Hoxha) es reverenciado y omnipresente.

Al mismo tiempo, es una vida en la que Occidente produce tanta fascinación como condena. De un lado, una lata de Coca-Cola vacía es un símbolo de estatus y, del otro, se asegura que en las sociedades capitalistas solo hay libertad para los explotadores.

El terremoto llega cuando, al igual que el resto de los regímenes comunistas de Europa oriental, el de Albania colapsa y Hoxha muere. Si para los adultos es un sismo político para la niña es uno cognitivo. Caída la dictadura, los padres y la abuela pueden despotricar al fin de un régimen opresivo, que mata, encarcela o malogra vidas según la arbitrariedad del partido, sus funcionarios y espías.

Pero no es el caso de la niña. Ella ha creído toda su vida en la bondad del régimen y del tío Enver. De golpe, reconoce una mentira monstruosa. No solo una mentira; una mentira que ha producido miseria y dolor en su familia debido a una serie de actos que ignoraba.

Y, entonces, todo se echa a transitar. Se habían pasado la vida creyendo que transitarían del socialismo al comunismo y ahora resulta que deben transitar de la dictadura a la democracia, de la economía planificada a una desregulada, del partido único al pluralismo, del aislamiento a la integración con Europa. Al empaquetarlo todo, se trata de una sola y gran transición hacia “la libertad”.

Ypi detecta con precisión estética e intelectual a los personajes y actitudes que producen esta sumatoria de cambios e implicancias. Por ejemplo, aparece en el barrio un tal Vincent Van de Berg, siempre vestido con unas extrañas camisetas que llevan un cocodrilo de boca abierta en el pecho y con un periódico de hojas anaranjadas bajo el brazo. Es, obviamente, el tecnócrata de los noventa, llegado para asesorar las reformas estructurales. Cada vez que a Vincent le cuentan algún problema albanés él ya lo ha visto antes en África; y si se discute una solución él ya la implementó en Bolivia. 

En los noventa la gente comienza a prosperar de maneras inéditas. Si antes los personajes ilustres del barrio eran el sindicalista o el jefe de partido, ahora lo son quienes trabajan importando y exportando: drogas, migrantes o prostitutas. Donde el Estado antes financiaba talleres de pintura y teatro, ajedrez y ciencia, ahora el mercado ofrece pubs y discotecas administradas por los multi-traficantes.

Las transformaciones y la codicia recién estrenada coinciden con la aparición de entidades financieras que reparten dividendos descomunales. La propia familia Ypi, imitando a sus vecinos, deposita sus ahorros en una de estas firmas. Al poco tiempo, terminan desplomándose pues se trataba de esquemas piramidales. Esto despierta la furia de la gente y lo que comienza como un estallido económico degenera en la guerra civil de 1997.  

La virtud del libro está en enlazar los cambios políticos y económicos con lo que estos producen en el nivel personal. El padre pierde el trabajo al poco tiempo de caído el régimen; una de las amigas de Ypi se va a Italia como tantos miles de albaneses y, al parecer, termina prostituyéndose; un amigo se suicida en la guerra civil; el orfanato donde Ypi hace voluntariado se llena de niños abandonados. La segunda parte del libro apunta a la descomposición de la sociedad. En otras palabras, se pasó del Estado-prisión al estado de alienación. Por eso en la segunda parte el tono del libro vira de la asfixia a la tristeza.

Pero insisto en que estas transformaciones no son “teorizadas”, son vividas por la familia Ypi y su barrio y las conocemos esencialmente a través de las conversaciones y discusiones de la familia. Esta aproximación tiene algo de socrática. No presenta una tesis; despliega conversaciones. La madre suele tener aproximaciones bastante liberales; el padre es un escéptico de la política con alguna inclinación por la socialdemocracia nórdica; la abuela carga con las maneras y reflejos de un linaje aristocrático. Y al centro de todo, la adolescente Ypi escucha y procura construir un conjunto de coordenadas propias que le permitan atravesar lo que, con Glauber Rocha, hubiera podido describir como una tierra en trance.

Pero el tema de la libertad requiere de una vuelta de tuerca adicional. En un nivel más explícito, el libro se acerca a la cuestión de la libertad bajo dos regímenes: el comunista y el liberal-democrático. Como es evidente, ninguno despierta el entusiasmo de la niña devenida profesora de filosofía política. Y, por eso mismo, algunos le han criticado que propondría una equivalencia entre dos regímenes de la no-libertad.

Sin embargo, hay otro nivel de acercamiento al tema de la libertad que resulta menos explícito pero más relevante. Es el viejo tema de Montaigne: ¿cómo ser realmente uno mismo? (“savoir être à soi”). ¿Cómo saber que no me limito reproducir las “verdades” de mi época o de mi tribu? Ante ese peligro solo queda una actitud de permanente alerta intelectual y moral. Hacer el esfuerzo de mantener un espíritu siempre escéptico respecto de la conclusión tajante y definitiva. El libro puede leerse, en tal sentido, como un manifiesto contra el dogma y el idólatra.

Aunque Libre tenga el aspecto de unas “memorias”, en realidad, se acerca más a un “diálogo” (en su sentido socrático, como decía arriba) que permite recuperar muchos puntos de vista sobre ciertos temas cruciales de la reflexión política. Y, en tal sentido, es un ejercicio de gran responsabilidad intelectual. Desbroza una postura personal dejando rastro visible de las posiciones disímiles de muchos otros individuos convertidos en personajes.

Es el libro de alguien que, aun reconociendo que nunca está del todo libre, sabe que el camino de la liberación pasa por pensar respecto de esa condición. No está libre quien decide a partir de deseos irreflexivos o quien lo hace, como cantaba Soda Stereo, “al calor de las masas”, sino quien cuestiona los motivos que lo llevan a decidir una cosa u otra. Aunque mi amigo Gabriel Gallegos estaba en lo correcto cuando en los años noventa cantaba sobre aquello de ser “libre en tu corral”, la libertad individual, en última instancia, es el esfuerzo por estar atento al corral, por no replicar, sin más, el corral. Como concluye Ypi, en realidad, nunca perdemos nuestra libertad interior. Hasta podríamos llamarle la condena de la libertad.

Alberto Vergara

A mí no me cumbén

Como nadie le paga por jugar fútbol, tocar guitarra o ir al cine se dedica a la ciencia política. Es profesor en la Universidad del Pacífico. Ha publicado una decena de libros entre propios y editados. Su libro más reciente es Repúblicas Defraudadas: ¿Puede América Latina escapar de su atasco? (Crítica, 2023). También ha publicado el libro infantil Otta la gaviota que tenía… ¡vértigo! (Planeta junior, 2022).