Los deberes más allá del servicio militar, por Diego Pomareda


Durante el gobierno militar de los años cincuenta, en una conversación con Zavalita, se exclamaba que el Perú estaba en la Edad de Piedra. Lo mismo se diría hoy si se supiera que, ante la incapacidad de enfrentar el crimen, el gobierno ha anunciado que se busca obligar a la ciudadanía a enfrentar a extorsionadores y delincuentes. El servicio militar es la salida fácil y el mejor ejemplo de la incompetencia.

No afirmo que el servicio militar sea arcaico porque esté extinto —en países como Israel, Italia, Suiza o Corea del Sur persiste—, sino porque es una respuesta que no se adapta a las amenazas contemporáneas, las cuales requieren ser enfrentadas con profesionalización, tecnología e inteligencia. Obligar a los ciudadanos a enrolarse por la fuerza no solo vulnera derechos, sino que también resulta ineficaz y costoso.

Si seguimos viendo colapsar puentes o centros comerciales, ¿nos obligarán a convertirnos en constructores? Si el sector agropecuario requiere mano de obra, ¿nos enviarán a ser ganaderos o agricultores? Y si la seguridad ciudadana está en crisis, ¿pretenden mandarnos a patrullar las calles? Ya en 2014, el Tribunal Constitucional estableció que esta práctica es inconstitucional, pues la ciudadanía no puede ser utilizada como un medio para tapar la ineptitud gubernamental.

Pero el problema de fondo es la falta de creatividad y de siempre poner en agenda estos temas polémicos para distraer la atención. El debate sobre las responsabilidades públicas se debe tomar con seriedad. Considero que sin deberes los países son impracticables, pero tratarlos como si estuviéramos en la Edad de Piedra no es la solución.

Desde el 2022, con la publicación de Los deberes fundamentales en el Perú (Palestra Editores), he defendido la idea de que el ejercicio de la ciudadanía no solo se reduce a pagar impuestos, votar cada 5 años y  cumplir con el servicio militar.

Mi propuesta es un sistema integral, basado en incentivos, con una exigencia periódica en término de mínimos, que ofrece múltiples opciones para cumplir con los deberes cívicos, que cuenta con un monitoreo moderno y reconoce que no se puede exigir lo mismo a todos. En definitiva, se trata de comprender los deberes de manera responsable y de ir más allá del servicio militar, que es la respuesta fácil a problemas complejos.