El clima electoral, para el ciudadano, se va poco a poco instalando. Sin embargo, las bancadas que manejan la agenda y los votos en el congreso hace tiempo que vienen moviendo fichas de cara a este nuevo proceso electoral. Manipular leyes es la otra columna de esa campaña. ¿Qué hacer?
El objetivo de los diversos cambios legislativos es asegurarse continuidad y evitar juicios por una serie de motivos que se acumulan y acumulan. Como diversos analistas vienen señalando, se buscamanipular o neutralizar la acción del sistema judicial, la fiscalía, la prensa, el sistema electoral, las ONGs y cualquier político que se crea pueda canalizar la indignación de ese 90% que los rechaza. Santivañez y Boluarte son fichas funcionales a estos objetivos. Su problema es que el costo político de ese apoyo, cualquiera sea el destino de los dos mencionados, es cada vez mayor. Seguro que las instituciones señaladas tienen cosas que mejorar. Pero la intención que mana de los curules solo es hacerlas funcionales a sus intereses.
Uno se pregunta ¿qué posibilidades hay de que esta situación mejore en abril del 2026? El ensayo de respuestas y las acciones correspondientes debe marcar la cotidianeidad de quienes deseamos un cambio. Muchas veces damos vueltas y vueltas a las denuncias y todo queda en un lamento individual.
En términos de sociedad civil, es cierto que las marchas y demás manifestaciones públicas se han desgastado. Puede ser por la falta de un liderazgo e ideas que articulen y den continuidad a la heterogeneidad de demandas e identidades, la percepción de ineficacia de este tipo de acciones y la represión que ha causado tantos muertos, entre otros motivos. Este viernes hay otra manifestación que será importante, pero no es suficiente. Esa emoción debe conectarse con algún nivel de organización. Hay iniciativas que están buscando que las personas e instituciones se vuelvan a juntar y se escuchen. Están desde alumnos peruanos en Harvard que buscan crear espacios de debate, grupos empresariales que entienden que la economía y la política no van por cuerdas separadas y que su crecimiento pasa por el bienestar del conjunto y diversas iniciativas de grupos e instituciones que van apareciendo. El común denominador suele ser la preocupación por recuperar o, si se quiere, construir, espacios donde se puede debatir y ver soluciones a problemas de interés común. Muchas de estas iniciativas promueven encuentros presenciales. Hay que volver a juntarsepara decirnos las cosas frente a frente. Un aprendizaje de ciudadanía que tomará su tiempo. Un ejercicio que va a contracorriente de la imagen difundida sobre lo que ocurre en redes sociales y de lo que anima la actual acción parlamentaria (incluidas las sesiones virtuales).
Pensando en los partidos que quieren ser una alternativa, hay que recordar que el objetivo principal es no solo lograr la presidencia, sino que también se necesita contar con una bancada importante en el congreso. La fragmentación solo asegura que el hemiciclo siga siendo un mercado donde primen los intereses ilegales. El ágora griega fue, en sus inicios, un mercado. Como tal, lugar de conversaciones diversas que derivaron en que sea un foro político. Nuestros actuales congresistas han seguido el camino inverso.
Toda campaña es larga y tiene etapas. De manera muy general, una primera será la que va desde ahora hasta diciembre (con algunas subdivisiones en su interior), una segunda comienza en enero y va hasta marzo y una tercera son los días de abril antes de la votación. Cada una tiene sus objetivos, públicos y dinámicas. Por ejemplo, si bien la guerra sucia y las puyas ya están presentes, esto solo es una muestra de lo que ocurrirá en los dos últimos tramos. Los ataques en la fase tres solo son efectivos cuando los temas son contundentes o cuando la denuncia más bien tiene bastante verosimilitud. Es en el período que va de enero a marzo donde los comentarios afiliados,las mentiras creíbles o los errores garrafales han hecho mella. En parte, porque el nivel de interés aumenta recién en esas fechas. Hay un largo camino por recorrer y cada momento importa.
Lo otro, es que todos somos el equivalente a un voto, pero no todos votamos por los mismos motivos. La segmentación es fundamental y esta se puede pensar de varias maneras. Los resultados electorales muestran que hay tres grandes conglomerados: Lima, sierra sur y costa norte. Ahí está cerca del 70% del voto. Mientras que en Lima y Callao el nivel socioeconómico E (el más pobre) es solo el 7%, en el resto del Perú (sin incluir Lima y Callao) es el 43%. Gran diferencia.. También se puede diferenciar entre la gente interesada y que sigue de cerca la política (10% a 15%) de quienes se vinculan desde la indiferencia (unos) o el rechazo (otros). Estos dos grupos recién prestan atención en las últimas etapas.Ni qué decir de la importancia de diferenciar las edades o el sexo. Por ejemplo, a los jóvenes hay que hablarles en código digital. Cada grupo tiene sus problemas, estilos y expectativas y habrá que acercarse en diferentes momentos, maneras y estilos.
Si bien las ideas o propuestas son importantes, por sí solas, no tendrán mayor impacto. Es fundamental quién y cómo las dice. La gran mayoría votará por la confianza que inspire la persona. Muchos hablarán de cambio, pero habrá que ver quién es creíble. Las ideas con gancho, acompañadas de algún tipo de emoción serán las que conecten. Y ese lenguaje emocional no tiene por qué ser exclusivo de los extremos.
Mejor pensemos en qué hacer porque todavía hay mucha nubes y trabas. Hay un mundo de gente con ilusiones que está a la expectativa de buenas noticias y ciudadanos que no serán santos pero que sí quieren que sus demandas sean escuchadas.
Profesor e investigador en la Universidad de Lima, Facultad de comunicación. Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre cultura política y populismo.