Opinión

Tolerar, creer, dudar, fallar, errar, admitir, por Augusto Álvarez Rodrich

La RAE eligió a ‘polarización’ como la palabra del año 2023.

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En tiempos complejos y cambiantes como este, se debería estar abierto a oír, aprender, tolerar, dudar y hasta admitir el error si sucede, pero la ansiedad que genera la incertidumbre impulsa a muchos a querer contrarrestarla con la ilusión de seguridad que ofrece el aferrarse a lo preconcebido hasta la terquedad que desafía a la evidencia.

La última columna del Nobel Paul Krugman comentó el buen resultado 2023 de la economía de EEUU pese a los pronósticos pesimistas que abundaban hace un año, y sugirió precaución con los economistas que no admiten su error sobre la inflación y se aferran a teorías falsas sobre la bajada de precios.

Es una reacción propia del que tiene miedo a fallar, pero, principalmente, a dudar o a que, al menos, la gente se dé cuenta de que duda, algo fundamental en muchos oficios —“la duda es uno de los nombres de la inteligencia”, decía Jorge Luis Borges—, especialmente en algunos como el periodismo, donde lo correcto es primero informarse y luego opinar, aunque la práctica frecuente sea al revés, para no hablar de la categoría aún más usual que los encuestadores aún no habilitan, aunque ya deberían hacerlo: ‘no sabe/sí opina’.

Quizá sea el temor al fracaso cada vez menos aceptado en muchos lados, sin darse cuenta de que, como dijo Truman Capote, “el fracaso es el condimento que da sabor al éxito”.

Pero el miedo a dudar se vincula más a la dificultad de convivir en un entorno de gran polarización en todos los ámbitos —personal, profesional—, lo que lleva a refugiarse en la ‘solidez’ que ofrece la matrícula en algún ‘ismo’, aunque al costo de renunciar a la posibilidad de discrepar por el riesgo que hoy implica la diferencia, a la cual se la recibe con agresión, especialmente en las redes, donde, como dice Arturo Pérez-Reverte, “ya ofende hasta el silencio”.

Una encuesta IEP dice que 87% cree que las personas con posiciones muy diferentes tienen derecho a expresar sus opiniones, pero dudo de la validez de esa respuesta propia del ‘deber ser’, pues hoy el Perú es el reino de la intolerancia, y hasta los supuestos promotores de los diálogos ni quieren arriesgarse a oír a quienes piensen distinto por temor al contagio. No por gusto la Real Academia Española eligió ayer, como palabra del año 2023, a polarización.