Falta agua, pero sobran leyes, por Laureano del Castillo
“El riesgo es que, por El Niño Global, la sequía en el surandino e incluso en la sierra central se prolongue, afectando el abastecimiento de agua a nuestras ciudades”.

(*) Director ejecutivo del Cepes
En junio se aprobó la Ley 31801, para el fortalecimiento de la participación de las organizaciones de usuarios de agua en la gestión multisectorial de este recurso. Pero esa ley considera que las organizaciones son solo de regantes. Su finalidad será ahora participar en la gestión multisectorial y uso sostenible de los recursos hídricos, ‘así como el sostenimiento de las actividades agrarias en el ámbito de acción’. De esta forma, la idea de la Ley 31801 de fortalecer la gestión multisectorial de los recursos hídricos queda solo en palabras.
El 28 de julio, la presidenta Boluarte anunció varios proyectos de ley. Uno de ellos, el 5636/2023-PE, plantea el acceso universal al agua potable, prioritariamente, para la población que se encuentra en condición de pobreza o vulnerabilidad.
Se buscaría dotar de agua potable a 3,3 millones de peruanos mediante la instalación de piletas públicas, su distribución con camiones cisterna y entrega de filtros caseros para agua. La propuesta no enfrenta los problemas de fondo, además de cuestionarse la capacidad de gasto que supone el proyecto.
En agosto, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía propuso que la ANA, el Serfor y el Sernanp se fusionen en el Senace y que pasen a la PCM. La idea es tener ‘una sola gran agencia que se encargue de las certificaciones ambientales’ para ganar eficiencia (1). Manuel Pulgar Vidal anota el riesgo de incrementar nuevamente la conflictividad social y considera que la propuesta “muestra una absoluta ignorancia y desconocimiento” (2).
Recordemos que, según la Ley de Recursos Hídricos, la ANA puede adscribirse al Minam una vez culminado su proceso de implementación. Para muchos, la ANA debería volverse una autoridad de mayor nivel, dotándola de autonomía respecto del Ejecutivo.
Mientras esto ocurre, en Cusco preocupa la disminución de su principal fuente de agua potable, la laguna Piuray; en Huánuco inquieta la falta de agua; y el lago Titicaca muestra su nivel más bajo desde 1982. También se prevé racionamiento de agua para Lima y Callao.
El riesgo es que, por El Niño Global, la sequía en el surandino e incluso en la sierra central se prolongue, afectando el abastecimiento de agua a nuestras ciudades. En ese contexto, se anunció el impulso de Chavimochic III, de Majes-Sihuas II, pero ¿habrá suficiente agua para que estas obras funcionen como se espera en los próximos años? Estos temas deberían ocupar a nuestras autoridades. Mientras tanto, las normas legales parecen atender a otro país.