Opinión

La Policía del Orden

Se refiere a una riesgosa iniciativa del Ejecutivo que promueve impunidad.

EDITORIAL
EDITORIAL

Los anuncios presidenciales entreveraron, sin orden ni concierto, cifras, obras, buenos deseos y algunas pocas iniciativas que quedaron sumergidas en palabrería inútil. Uno de ellos fue el de la Policía del Orden, nombre desastroso porque refiere a los oscuros tiempos de Hitler, pero que tiene otras particularidades por las que también hay que alertar a la ciudadanía.

Se trata de un refuerzo para la Policía Nacional, que tiene un déficit de personal. Esta es la explicación del primer ministro, quien ayer ha salido en televisión nacional a consolidar y explicar el discurso presidencial.

Lo que resulta peligroso de este proyecto es que el personal a cargo de la seguridad ciudadana tendría solo 6 meses de formación académica para luego salir a las calles, con el adicional de que su responsabilidad sería recortada, ya que los jefes superiores no tendrían mando sobre ellos.

Esta situación convierte a esta Policía del Orden en una suerte de peleador callejero y solitario, con órdenes imprecisas y mandos invisibles. Para un país con tanta norma coercitiva y tan punitiva, cuyas penas van agravándose con el tiempo, tener una policía con libertad interpretativa es sumamente peligroso.

Ya no es solo el nombre de pésima referencia, sino que se trata de un contenido impreciso, peligroso y que podría tener un efecto letal en manos de quienes carezcan de manejo ético de las leyes y que le quieran quitar cuerpo a la responsabilidad ulterior.

Los especialistas han criticado duramente el contenido de la propuesta del Ejecutivo, atribuyéndole defectos de origen que podrían generar más clima adverso para la vigencia de los derechos humanos. Han puesto alertas por el carácter poco técnico de la iniciativa y por las amenazas que entraña.

Habrá que esperar que el Congreso analice el proyecto y fije posición en torno a este. La Policía Nacional debe contar con equipos altamente profesionales y preparados para cumplir con su tarea en el marco de las leyes. Los reservistas del Ejército tienen una formación orientada a la guerra que es inaplicable para combatir la inseguridad ciudadana. Se trata de una medida peligrosa cuyos efectos pueden ser peores que la enfermedad.