Opinión

La agonía del arte

El MEF recorta el 60% del presupuesto a Bellas Artes, Ballet Nacional, Artes Dramáticas y Folklore.

EDITORIAL
EDITORIAL

El recorte del 60% del presupuesto para las escuelas de arte en el país representa uno de los golpes más duros a la educación y la cultura. Se trata de la forma más ostensible que tiene el Estado para mostrar lo poco que le importan estas disciplinas.

La cultura, por su carácter popular e iconoclasta, no se presta para adocenar intelectos y aún menos para propiciar halagos y odas a quienes ostentan el poder. Su trascendencia está precisamente en su carácter rebelde y libre. Siempre ha sido el canto de libertad de los oprimidos. Por ello, el temor que suscita entre los opresores.

En el Gobierno de Dina Boluarte, sus ministros de Educación han tenido encontronazos, primero con la Casa de la Literatura, al sustituir a la directora por una exjefa de la institución sin mayor explicación. Y en la Escuela Nacional de Música, por un funcionario que nunca tuvo contacto con la especialidad. La protesta de alumnos y todos los estamentos permitió que se reintegrara la titular depuesta y se normalizara la situación. Y recientemente con la Escuela de arte en Cusco, por la alegoría al Ejecutivo que recorrió las calles en el Inti Raymi.

Ahora son las escuelas de Bellas Artes, Ballet Nacional, Artes Dramáticas y de Folklore las que han recibido este recorte presupuestal que alcanza el 60%. El MEF sostiene que es una cifra inicial, que podrían recibir adicionales en agosto, pero eso no ha ocurrido con otros Gobiernos y las autoridades y los alumnos no tienen cómo hacer planes, sin el sustento del dinero.

La protesta promovida por las cuatro escuelas de arte fue respondida por el Ministerio del Interior con amenazas al prohibir todo tipo de actos públicos y el reclamo ante el MEF. Una intervención de la Defensoría permitió las movilizaciones contra la decisión del Gobierno de Boluarte.

A ellas se sumaron las universidades Agraria y San Marcos, despojadas de sus locales para crear en ellos la Universidad de Jauja, un pedido del Congreso, específicamente de Perú Libre de los Cerrón. Desvestir un santo para vestir otro no es la manera de impulsar proyectos, sobre todo ahora que no existe el control de calidad de la Sunedu.

El Ejecutivo se está abriendo un nuevo frente de desacuerdo y protesta: el universitario. Una errática política educativa que no valora las artes y la cultura se suma a otra similar en Salud, ahondando más la crisis y el descontento.