Opinión

El inquilino precario del castillo, por Julia Schabauer Ontaneda

“Probado está que no se tienen los cuadros necesarios con técnicos calificados. Los ciudadanos hemos visto con estupor cómo el Estado ha sido tomado como un botín para ser repartido entre familiares...”.

Pedro Castillo también se encuentra investigado por formar parte de una organización criminal. Foto: composición Fabrizio Oviedo
Pedro Castillo también se encuentra investigado por formar parte de una organización criminal. Foto: composición Fabrizio Oviedo

Es curioso que su acto inicial fue, justamente, querer convertir a Palacio de Gobierno en un museo. Hoy es su fortín de defensa o la guarida de sus protegidos. Castillo, encerrado en un castillo prestado.

Cuando un gobernante pierde credibilidad, el pueblo –a quien tanto invoca Castillo– le retira su confianza. La gente se cansó de su incapacidad. Las madres de familia, quienes administran los gastos del hogar, ven que el dinero cada día alcanza para menos.

Los recurrentes errores de Castillo le están pasando factura. La crisis internacional era evidente que causaría estragos también en el Perú, pero su lenta reacción, a diferencia de otros países que tomaron medidas para amortiguar el alza de los precios, ha ocasionado un escenario muy complicado para su continuidad en el cargo.

Un gobierno con alta rotación de funcionarios (casi 60 ministros en un año) no genera confianza. Probado está que no se tienen los cuadros necesarios con técnicos calificados. Los ciudadanos hemos visto con estupor cómo el Estado ha sido tomado como un botín para ser repartido entre familiares y allegados. Hoy en día Castillo tiene un 70 por ciento de desaprobación y otro porcentaje similar no le cree nada, según última encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

Castillo, sabiendo de sus debilidades en el Congreso, en vez de tender puentes a través de la selección de funcionarios idóneos con capacidad de conciliación, puso en los principales cargos a personajes de dudosa reputación y sin los pergaminos necesarios. Sus congresistas debieron buscar construir coaliciones para la solución de los grandes problemas nacionales, sin embargo, prefirieron actuar por consignas ideológicas.

El presidente de la República no solo representa a la nación sino que es el líder máximo en quien la ciudadanía confía para la solución de sus necesidades.

Castillo llega la poder en plena crisis de la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, en vez de abocarse a resolver el tema sanitario y económico, dio inicio a su Gobierno con un discurso confrontacional, populista y exacerbando odios, propio de la izquierda más cavernaria.

Hoy se siente un cansancio ciudadano. Castillo fue incapaz de entender que los ciudadanos que votaron por él no lo hicieron por razones ideológicas sino por su discurso que prometía la erradicación de la pobreza. Castillo no representa en modo alguno a la mayoría de los peruanos. Pretender permanecer en el cargo en nombre de la democracia es inadmisible.

¿Seguirá resistiendo en la Casa de Pizarro como su Castillo?