Iguales dentro y fuera de la cancha, por Carolina Garcés
“El orgullo nacional por las dos medallas de oro logradas por Kimberly García gracias a su esfuerzo y su pedido de apoyo a deportistas nos lleva a recordar que el desarrollo del deporte femenino en el Perú es tarea de todas y todos y en especial del Estado”.

Por Carolina Garcés. Adjunta para los Derechos de la Mujer. Defensoría del Pueblo.
Ante la doble victoria de Kimberly García en el Mundial de Atletismo, la igualdad de género dentro del deporte se discutió una vez más en los medios de comunicación. Sin embargo, aun cuando la práctica del deporte femenino presenta grandes avances con relación al trato paritario ente hombres y mujeres en los últimos años, es innegable que todavía existe desigualdad en los salarios, oportunidades y atención mediática que reciben nuestras deportistas.
Cifras de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) (1) revelan que, al 2021, el 82% de las deportistas peruanas ganaban menos de 500 soles, menos de la mitad de un sueldo mínimo.
El estudio también informa que ellas realizan un doble o triple esfuerzo al trabajar o estudiar a la par del desarrollo de sus carreras deportivas. Si bien el informe solo presenta datos de la selección de fútbol, podemos afirmar con certeza que la situación en las diversas disciplinas no resulta más alentadora.
Por otro lado, el fútbol masculino tiene una alta cobertura mediática, más aún con la noticia de la salida del director técnico de la selección nacional de fútbol; a la par, el abordaje es sustantivamente desigual en comparación con la Copa América Femenina 2022 disputada en Colombia por nuestra selección femenina de fútbol.
Lamentablemente, fue eliminada del torneo, aunque cabe preguntarnos si su desempeño hubiera sido distinto de haber contado con el apoyo, presupuesto y facilidades con los que cuenta la selección masculina al día de hoy. Esto revela así una brecha real que divide al deporte, que evidencia la desigualdad de oportunidades y que afecta a las mujeres.
El Perú evidencia ese desarrollo inequitativo en los espacios deportivos masculinos y femeninos, que permanece y limita el desempeño de nuestras atletas. Resuenan las palabras de Kimberly al ganar la medalla de oro en 20 km marcha en el Mundial de Atletismo: “El camino no ha sido fácil, pero ojalá tengamos más apoyo”. Este sostenimiento se construye progresivamente y visibilizar al talento peruano es el primer paso para impulsar, realmente, el deporte femenino.
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En esa línea, cabe resaltar que el deporte es hinchada y a ella se llega a través de los medios; ese es otro camino para desarrollar espacios paritarios dentro del deporte. Es necesario que nuestros equipos femeninos y nuestras deportistas consoliden un permanente alcance mediático, proporcional a los de sus contrapartes varones, no solamente cuando resulten victoriosas.
La lucha por la igualdad de oportunidades no acaba ahí: las brechas salariales y el reconocimiento al esfuerzo realizado presentan también desbalances estructurales que el Estado y la sociedad están obligados a erradicar en beneficio de todas las deportistas que representan al país en competencias internacionales.
El ejemplo estadounidense es muy ilustrativo y demuestra no solo la necesidad de romper la brecha salarial, sino la posibilidad real de lograr un cambio, ya que, a partir del presente año las selecciones masculina y femenina de fútbol cobrarán lo mismo en una decisión histórica de la Federación Estadounidense de Fútbol (2).
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Estos datos y hechos deberían ser señales de alerta de que ya es momento de actuar para, finalmente, alcanzar espacios de igualdad de género y no discriminación dentro del deporte. Desde la Defensoría del Pueblo apoyamos, valoramos y promovemos la participación femenina en espacios deportivos mediante el impulso de políticas de igualdad de género dentro y fuera de la cancha.
El orgullo nacional por las dos medallas de oro logradas por Kimberly García gracias a su esfuerzo y su pedido de apoyo a deportistas nos lleva a recordar que el desarrollo del deporte femenino en el Perú es tarea de todas y todos y en especial del Estado.