El mes de la cultura afroperuana, por Mariela Noles
“En efecto, estas normas conviven con la ridiculización pública de los rasgos fenotípicos afroperuanos, la minimización de sus saberes culturales. La ausencia de cualquier mención...”.

Por Mariela Noles Cotito, profesora de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacífico.
Originalmente concebido como un día para el reconocimiento del aporte de la población afroperuana a nuestra cultura nacional, es pertinente evaluar si, luego de 16 años de esta medida, mucho o poco de los objetivos que se perseguían se han cumplido.
Efectivamente, luego del establecimiento de esta celebración en el 2006, fecha que se escoge en coincidencia con el natalicio de Nicomedes Santa Cruz Gamarra, diferentes instrumentos políticos y legales para promover y proteger el patrimonio material e inmaterial afroperuano fueron promulgados.
La declaración de la cajita rítmica afroperuana como patrimonio cultural de la nación, en el 2007, viene a la mente, así como la extensión de la celebración del Día de la Cultura Afroperuana a todo el mes de junio, en el 2014, y el reconocimiento del distrito de San Luis de Cañete como repositorio de la memoria colectiva histórica y artística de la presencia afroperuana en el Perú, en el 2018.
No obstante, la protección de la ciudadanía de las y los afroperuanos y de sus derechos correspondería a otros elementos.
Entre ellos, y quizás más popular, la resolución suprema de perdón histórico que ofrece el Estado al pueblo afroperuano por los abusos, exclusión y discriminación cometidos en su agravio, que además reconoce su esfuerzo en la afirmación de nuestra identidad nacional, difusión de valores y la defensa del suelo patrio, en el 2009, las Orientaciones de Política Pública para la Población Afroperuana, en el 2014, y el Plan Nacional de Desarrollo de la Población Afroperuana, en el 2016; todos instrumentos valiosos, importantes y fundamentales cuando se analizan los procesos de formación de nuestra nación moderna.
A la vez, sin embargo, todos estos instrumentos han probado ser insuficientes para mejorar sustancialmente la calidad de vida de las y los afroperuanos en los diversos puntos del país.
En efecto, estas normas conviven con la ridiculización pública de los rasgos fenotípicos afroperuanos, la minimización de sus saberes culturales, la ausencia de cualquier mención sobre su aporte a la construcción de nuestra nación en los libros de historia, así como la sobrerrepresentación de lo afroperuano en el arte, la cocina y el deporte y su limitada representación en áreas científicas o del saber, actividades económicas y espacios de toma de decisión.
Acortar las brechas entre el deber ser, como objetivo de las normas, y la realidad, es un primer paso. Abrazar verdaderamente nuestra diversidad cultural y ponerla en valor podría ser el segundo. La interculturalidad requiere un poco más que celebraciones esporádicas y aisladas, sino la valorización y aprecio permanente de nuestra diversidad cultural y étnico-racial.