Evelyn Sotomayor: “La crítica machista ha sido puesta en jaque”
En La República, en las últimas semanas, hemos venido ofreciendo una serie de entrevistas en las que nuestros autores, desde la historia y la ficción, han reflexionado sobre el bicentenario. A Linda Lema Tucker, Alejandro Estrada Mesinas y Charles Walker, se suma Evelyn Sotomayor.

Los libros Pensar en público. Las veladas literarias de Clorinda Matto en la Lima de la posguerra (1887 - 1891) y Las nuevas lectoras del XIX. Género, libro y lecturas de la primera generación de ilustradas peruanas, editados por la BNP, hacen de Evelyn Sotomayor una especialista sobre la mujer en un siglo convulsionado como el XIX, el cual terminó configurando al Perú actual. Sobre las ilustradas y las rabonas, La República conversa con la literata (autora del prólogo de la poesía reunida de María Emilia Cornejo del FCE), catedrática e historiadora.
-El año pasado, con las batallas de Junín y Ayacucho, se cerró el bicentenario como fecha. ¿Cómo ves la participación de las mujeres en estas batallas?
-Las mujeres siempre han estado presentes en la historia no solo del Perú, sino del continente y del mundo. Lamentablemente, la historiografía se ha centrado en las figuras masculinas. Me refiero a los grandes héroes retratados por la historiografía en la etapa independentista como José de San Martín y Simón Bolívar, y el patriotismo “de las más sensibles” quedó solo como una condecoración del mismo libertador argentino. Recordemos que San Martín condecora a un numeroso grupo de mujeres con la Orden del Sol, como Rosa Campusano y Manuela Sáenz, mujeres pertenecientes a los sectores pudientes de la sociedad que se comprometieron con la causa libertaria. Sin embargo, estas dos figuras han pasado a la historia como las amantes o las mujeres amadas por los libertadores.
-Todavía no hay una definición exacta de lo que era una rabona.
-Creo que el debate sí ha llegado a un consenso. Las rabonas son mujeres que acompañan a los soldados en la guerra. Ellas se encargan de la logística del batallón. No necesariamente las rabonas son parejas sentimentales de los soldados, sino que pueden ser madres, hermanas, primas, hijas, es decir, parientes de los soldados. Sin embargo, la documentación que custodia el Archivo General de la Nación devela casos muy interesantes sobre las rabonas. Aquí hallé procesos judiciales contra las rabonas delincuentes. A partir de estos juicios encontré que las rabonas provienen de todos los rincones geográficos de nuestro país, eran mestizas, andinas, afroperuanas, en su mayoría analfabetas (hasta la fecha no he hallado en algún proceso judicial que alguna declare que sabe leer y escribir). Estas mujeres estaban al servicio de los soldados tanto en la guerra como en tiempos de paz. En la guerra iban a la vanguardia, pues debían adelantarse para armar el campamento y preparar el alimento del soldado. Luego que el soldado era alimentado, ellas debían recoger los enseres para volver a armar el campamento. Muchas veces ellas cargaban con sus críos si eran madres. Esto nos lleva a pensar que eran mujeres con un grado de organización, pues debían dividirse en grupos para conseguir el alimento, armar el campamento, cuidar a los críos, entre todos trajines de la guerra.
-Antes y después de la guerra del Pacífico, es posible advertir la presencia de la mujer intelectual.
-Creo que los tomos monumentales de Elvira García y García La mujer peruana a través de los siglos (1924-1925) dejan evidencia de que la mujer intelectual siempre ha hecho historia. Estoy convencida de que el Perú Antiguo ha parido grandes figuras intelectuales y políticas como las cacicas, por ejemplo. Contamos con el registro de Amarilis y Clarinda, poetas de la colonia. Las mujeres escribían desde los claustros también. Sin embargo, ya en el siglo XIX se produce el fenómeno de la aparición de las ilustradas. Este fue un grupo de mujeres predominantemente provinciano que incursiona en el campo cultural y literario del país. Antes de la guerra contra Chile se reunieron en el salón de la argentina Juana Manuela Gorriti. Después de la guerra, Clorinda Matto inauguró su propio salón literario en el que convocó a los intelectuales para pensar en la reconstrucción del país arruinado. Matto contaba con un plan político para el país: trabajo y educación para las mujeres.
-Como mujeres de espíritu crítico, ¿cuál era el mayor prejuicio que enfrentaban?
-Los reclamos van cambiando de acuerdo a la mentalidad y la época. No es lo mismo reclamar derechos en el siglo XXI que en el XIX. Me gusta que la figura de las intelectuales sea apropiada por nuestra generación, pero cabe destacar que ellas no eran feministas. Matto, por ejemplo, en sus columnas de La Bolsa nunca aboga por el voto femenino. Considero que el mayor prejuicio que tuvieron que sortear fue posicionarse en el campo cultural y literario del país, pues sus compañeros de oficio les llevaban muchos años de haber ganado terreno. Estas ilustradas irrumpen como un grupo compacto antes de la guerra, pero lo cierto es que la guerra contra Chile les brinda de oportunidad de salir con toda la pluma empuñada en alto para denunciar a quienes han sido los responsables del último fracaso nacional. Evidentemente, esto no les gustó a sus compañeros, pues fueron rechazadas y condenadas al olvido por muchos años también por la crítica literaria.
-A Clorinda le fue muy mal en la política y Mercedes Cabello de Carbonera terminó en el manicomio.
-Efectivamente, Matto declaró que servía al Partido Constitucional, porque este enarbolaba la bandera del orgullo nacional. Recordemos que Andrés Avelino Cáceres fue el héroe de la resistencia y Matto se afilió al partido por muchos factores: su hermano, el médico David Matto era constitucionalista; Cáceres era andino como ella; Matto era patriota y Cáceres era el máximo emblema del orgullo peruano que no se había rendido ante el enemigo. Pero al ser Cáceres destituido del poder gubernamental por Nicolás de Piérola, Matto parte a vivir en Argentina. No regresó al Perú y allí empezó su etapa porteña con la fundación de Búcaro americano. A diferencia de Matto, que sí mantuvo relación amical con varias figuras políticas, Mercedes Cabello está más interesada en el ensayo y la novela. Como lectora, puedo afirmar que Cabello tiene una pluma muy exquisita. Leer Sacrificio y recompensa (1886), Blanca Sol (1888) y El Conspirador (1892) permite comprender el trabajo de narrativa fino que logró Cabello como escritora. Sus novelas y sus ensayos proponen un diagnóstico de la sociedad en la que vivió Cabello. Tal vez, la moqueguana vivió el fin más dramático: encerrada en el hospicio de insanos por su familia. Ambas mujeres fueron castigadas por la sociedad peruana: una por incursionar en política y la otra por escribir ficciones que denunciaban la doble moral, la forma de vivir y de actuar de diferentes estratos sociales peruanos.
-Durante muchas décadas estuvieron silenciadas. ¿Perdió piso la crítica machista?
-Sí, la crítica machista ha sido puesta en jaque, pero no ha sido derrotada, pues mientras se reduzca a las intelectuales a la sombra de sus maestros, como Palma y Prada, no estamos entendiéndolas cabalmente. Ni maestros ni discípulas, simplemente colegas de oficio y respeto por el trabajo ajeno. Creo que mientras en los manuales de la educación básica regular se sigan reproduciendo los discursos de Prada y las tradiciones de Palma, sin incluir textos de las intelectuales decimonónicas, la crítica machista no se habrá deconstruido del todo.
-El conspirador de Mercedes Cabello, es un calco del Perú actual.
-Creo que El conspirador debe ser una novela de lectura obligatoria para todos los peruanos, así como Historia de la corrupción de Alfonso Quiroz. En la novela de Cabello se realiza una radiografía, un diagnóstico preciso de cómo es la política peruana y los actores sociales que se mueven en torno a ella. Por eso, creo que los que investigamos el siglo XIX quedamos fascinados en esa época. Leer el siglo XIX es entender al Perú en el siglo XXI. En esta novela, se puede observar cómo Jorge Bello, el político protagonista de la novela, se convierte en un conspirador que trata de derrocar al gobierno de turno y para ello se vale de la prensa, pues funda su propio periódico para difundir sus ideas. Empieza a estrechar lazos amicales y políticos para poder posicionarse. En ese camino, conoce a Ofelia Olivas, quien es amante de Bello y terminará prostituyéndose con otros personajes políticos para salvar a Bello. Esta novela presenta una fuerte carga emocional, que evidencia la corrupción generalizada y arraigada de la clase política peruana.
-¿Por qué las ilustradas no escribieron de las rabonas?
-Hasta la fecha me pregunto por qué las intelectuales no le dedicaron un relato o un ensayo a las rabonas. Si es que no las vieron en vivo y en directo durante la guerra contra Chile, por lo menos sabían que estas mujeres acompañaban y recorrían largos parajes para atender a los batallones.
-¿Las rabonas no fueron dignas de la pluma de las ilustradas?
-Por lo pronto, me aventuro a sugerir que las rabonas eran seres marginales, que pertenecieron al espacio público y bélico. Estas féminas rompen con el estereotipo del ángel del hogar y, guste o no, las ilustradas provenían de familias burguesas y la mentalidad propia era que el modelo de virtud era la mujer en el espacio doméstico.